4 de abril de 2009

Weegee's New York

Fundación Telefónica. Del 5 de marzo al 17 de mayo de 2009. Web de la exposición.
El blog If Charlie Parker Was a Gunslinger... tiene una colección enorme de fotografías de Weegee.

Arthur H. Fellig (1899-1968), un inmigrante del Lower East Side convertido en fotógrafo de sucesos, escuchaba la radio de la policía para llegar el primero al lugar del crimen, en su coche transformado en laboratorio rodante para poder entregar las fotos rápidamente a la prensa amarilla. Autodidacta y muy pagado de sí mismo, dejó un registro impagable de una época crucial, en una ciudad muy dura, que todavía no había salido de la depresión de 1929.

La Fundación Telefónica ha reunido una selección muy extensa del período más conocido de Weegee, entre los años 1938-1950: un retrato de la ciudad de Nueva York, de lo malo y de lo bueno. Cadáveres en el suelo, policías llevando a un detenido, asesinos en el furgón celular: todo -vestimenta, actitudes, decorado, iluminación- es escenografía de puro cine negro, es su época dorada. También hay mirones, siempre una fila de niños se cuela para no perderse la imagen de un muerto con la cara destrozada de un disparo, mientras unos policías sin cuello y de cara redonda (irlandeses, polacos) arrastran a un tipo que mira a la cámara con los ojos muy abiertos.

Una imagen típica de las páginas de sucesos, que bien podría ser el arranque de una película de cine negro.

La población no solamente contempla muertos o cómo arde su casa, también se divierte, y ahí está Weegee para retratarlo: un día de verano en Coney Island, una visita a la ópera o al teatro, fiestas en clubes del Bowery, el Village o en Harlem. Weegee refleja mucho mejor cómo se divierten los pobres, su sudor, ropa desordenada, borracheras y sexo en el parque -o en el cine-. Los ricos son mucho más finos y demasiado conscientes de la cámara, no dan juego. Las juergas tienen consecuencias: dormir sobre la acera, peleas, o una noche en el drunk tank; Weegee las retrató todas. En la exposición hay muchas fotos de gente dormida, no sólo borrachos o vagabundos: en las butacas del cine, o en el descansillo de la escalera de incendios, niños y gatos mezclados una noche tórrida de verano. Tampoco falta la clásica imagen de los niños refrescándose en la boca de incendios.

El sastre de Harlem y su familia, vestidos de domingo.

Weegee practica sobre todo la poco refinada técnica "flash en la cara", especialmente efectiva para destacar en la portada del periódico la fea jeta del enemigo público de turno. No es lo mío, aunque sea totalmente apropiado para crear el efecto dramático que sin duda se persigue. La exposición también contiene fotografías posteriores, de gente famosa, en las que experimenta con técnicas deformantes, o caleidoscópicas, en el positivado; me parecen mucho menos logradas.

Cualquier amante de la fotografía antigua, del cine negro o de la ciudad de Nueva York disfrutará de la obra de Weegee, de una dureza que me recuerda constantemente a la novela Manhattan Transfer de John Dos Passos, o al estribillo de Fairytale of New York de los Pogues:

They've got cars big as bars
They've got rivers of gold
But the wind goes right through you
It's no place for the old

Para terminar, una de las fotografías más simpáticas de la exposición: las jirafas vigilan el sueño de los trabajadores del circo.

27 de marzo de 2009

Caperucita Roja infográfica

Cómo contar la historia de Caperucita a base de las petardeces en Flash de las que tanto se abusa en los sitios web de los periódicos, tanto bonito diseño para decir tan poco.

Un vídeo de 3 minutos escasos, por el diseñador gráfico sueco Tomas Nilsson.


Slagsmålsklubben - Sponsored by destiny from Tomas Nilsson on Vimeo.

16 de marzo de 2009

Experimento en blanco y negro

En un cajón de mi casa yace mi primera cámara, una réflex Wunderplastik adquirida siendo yo becario, por tanto en tiempos de penuria económica, y con bastante mal criterio: limitadita en sus funciones, fea (ni siquiera es negra) y, viendo a lo que se cotiza en el mercado de segunda mano, poco apreciada en general. Y, para lo que iba a sacar, decidí quedarme con ella.

Un buen día se me ocurrió cargarla de película y dejar la digital en casa.

Coste del experimento:

  • Película Ilford HP5 400 ISO, 36 exposiciones: 4,50 €
    Hay sitios donde es más barata, pero no me apetecía pegarme el paseo para ahorrarme un eurillo como mucho. No abundan las tiendas donde comprar película en blanco y negro.
  • Revelado sólo del negativo, escaneado y paso a CD: 13,60 €
    Yo había pedido un escaneado de mayor calidad y más caro, pero hicieron lo que les dio la gana.
  • 3 paseos a la tienda, porque aun yendo 3 días más tarde de la fecha prometida, todavía no tenían el revelado.
El resultado se puede contemplar en esta colección del Flickr.

Muelles I
Muelles I. Madrid-Fuencarral, marzo de 2009.

El resultado ha sido mucho mejor de lo que esperaba: el contraste y el grano de la película en blanco y negro tienen una belleza estética complicada de imitar digitalmente: en toda la serie de Flickr los únicos retoques han sido un par de recortes y algún enderezamiento. Nada que ver con esos ratos agonizando delante de la pantalla, jugando con combinaciones de 6 canales distintos (Lightroom) para "optimizar" el paso a blanco y negro.
También hay que decir que es una estética muy apropiada para el paisaje de vertedero elegido para la excursión; el día que toque fotografiar florecillas, será mejor volver al color.

Saber que solamente se cuenta con 36 exposiciones obliga a pensar mucho más la foto, lo que obra maravillas en la composición y reduce considerablemente el tiempo pasado delante del ordenador, borrando y borrando archivos hasta que alguna imagen parezca medio decente. Y en el aspecto técnico, a pesar de que la cámara no sea buena, un visor más grande junto con un par de objetivos luminosos (50 mm f1.8 y 28 mm f2.8) son un cambio a mejor, sobre todo el gran angular.

La parte negativa del experimento son, por supuesto, el precio y la interminable espera hasta que se puede observar el resultado, más aún una vez que uno se ha acostumbrado a la inmediatez de lo digital. Desde luego, si decidiera tirar muy a menudo en película, me haría con material para revelar y escanear en casa; si se prescinde del positivado, no es necesario acondicionar una habitación.

Pero no descarto comprar de vez en cuando un carrete.

Tres luces
Tres luces. Hortaliza, marzo de 2009.

15 de marzo de 2009

Cuesta arriba hasta llegar a la Maliciosa

La subida a la Maliciosa, una de las mayores alturas de la sierra de Guadarrama (2.227 m), desde el paraje llamado La Barranca, es una de las mejores excursiones cortas que se pueden hacer por los alrededores de Madrid. Pocos kilómetros, pero un desnivel brutal que hace que durante la larga cuesta se modere el ritmo y se aborte cualquier intento de conversación.

Muy cerca del pueblo de Navacerrada, y pasando al lado de un enorme y abandonado hospital de tuberculosos, hay un par de aparcamientos muy prácticos como lugar de partida. Tras un rato de paseo por un pinar, llega la ascensión por la garganta del Regajo del Pez. En las umbrías todavía quedaban acúmulos de nieve helada y resbaladiza que convertían la ascensión en algo mucho más divertido. Esta primavera adelantada me dio la oportunidad de hacer algo poco habitual, caminar sobre la nieve en pantalón corto. Muy cómodo, pero la nieve lo tiene mucho más fácil para meterse dentro de las botas...

Datos medidos con el GPS:

  • Distancia recorrida: 12,7 km
  • Tiempo en movimiento: 3h 34'
  • Tiempo parados: 2h 30'
A la vuelta, según se acerca uno a los aparcamientos, llega el encuentro con ese arquetipo tan español que es La madre de Yonatan. Menos mal que nunca se alejan más de media hora del coche, ni nunca aparecen antes del mediodía...

No tiene pérdida: subir por el camino, luego buscar la pendiente más suave por la garganta, llegar al collado y atacar el último tramo.

Unos 850 metros de desnivel no son ninguna broma, por suerte la distancia a recorrer no es gran cosa.

27 de febrero de 2009

La rutina más cruel

Alexander Solzhenitsyn
Un día en la vida de Iván Denisovich

(en ruso: Один день Ивана Денисовича)
Publicado en 1963. La traducción al inglés de H.T. Willets puede leerse aquí.
144 páginas en la edición de Penguin Classics del año 2000.

Para Iván Denisovich Shukhov, un buen día consiste en que no te encierren en el agujero, que a tu cuadrilla no le encarguen trabajar en un lugar especialmente espantoso, que el capataz consiga unos gramos más de pan para cada uno, y en la cena poder engullir ración doble de gachas acuosas.

Así es la vida en un campo de trabajos forzados en la estepa, una de las estaciones de esa pesadilla llamada Gulag donde tantos infelices acabaron sus días. Alexander Solzhenitsyn lo disfrutó entre 1945 y 1953 por la genial ocurrencia de hacer un comentario jocoso sobre "el del bigote" en una carta. Ser capitán del Ejército Rojo en plena invasión de Alemania no le sirvió de nada.

Publicada en la época de desestalinización promovida por Jruschev, "Un día en la vida de Ivan Denisovich" fue un verdadero terremoto que propagó por medio mundo lo que se escondía detrás de la fachada de estrellas rojas y tractoristas sonrientes. Más adelante, Solzhenitsyn siguió plasmando sus experiencias en los tres volúmenes del Archipiélago Gulag hasta que, acabada la paciencia de los líderes de la patria, fue deportado a un Occidente todo lo decadente que se quiera, pero probablemente más cómodo.

Archipiélago Gulag es un extensa recopilación de experiencias; mis impresiones tras leer el primer tomo están recogidas aquí. Es una obra más investigativa que literaria, muy reiterativa, que consigue poner los pelos de punta al lector simplemente a base de apilar casos vividos, construyendo una descripción general del sistema y del proceso aplicado a los infelices que circulaban por él, desde el momento en que los guardias llamaban a casa a las tres de la mañana hasta que, convertidos en despojos humanos, los supervivientes trataban de establecerse en las soledades de Kolimá o en el vertedero de Norilsk.
"Un día en la vida...", por el contrario, opta por el marco opuesto, por el detalle concreto.

Hortaliza, enero de 2009

El título lo dice todo: la novela comienza a las cinco de la mañana, cuando se toca diana a martillazos, y termina a eso de las diez, cuando se apagan las luces. Iván Denisovich, uno de tantos desgraciados condenados a 10 años de trabajos forzados por haber sido prisionero de los alemanes, purga condena en un campo de las estepas de Asia Central. Estamos en invierno, y todos los esfuerzos de los penados se concentran en la pura supervivencia: en la lucha contra el frío y en aumentar como sea la diminuta cantidad de calorías que el sistema les hurta con una elaborada cadena de guardias, matones, ordenanzas y cocineros, cada uno de los cuales se queda con parte de la comida de los presos. También se trabaja; la cuadrilla de Shukhov, dirigida por un capataz hábil en el arte de untar a quien se debe, recibe el envidiable encargo de continuar la construcción de un edificio. A treinta grados bajo cero, teniendo que descongelar la arena para poder preparar el mortero; pero peor lo tienen los que cavan agujeros en la tierra helada y batida por el viento.

"Un día en la vida..." no contiene descripciones del contexto histórico o geográfico; la narración se limita a registrar el ir y venir del protagonista, sus trabajos para conseguir abrirse paso en la cola del desayuno, para esconder un trozo de pan para la cena o para poder secar sus botas de fieltro. Ahí es donde está su fuerza: a ras de suelo, siguiendo las preocupaciones materiales que ocupan el día de los personajes, es una forma directa de comprender lo que supuso para millones de personas el paso por el Gulag. Una forma de quedarse helado.