1 de enero de 2020

El cine en 2019


Continúa la serie comenzada en 2012 y proseguida en 2013, 2014 y en 2015 y en 2016, 2017. 2018. Creo que ya vamos teniendo suficientes mediciones como para vislumbrar una tendencia: más o menos la mitad de las películas me gustan, y la otra mitad no. Este año la cosa ha estado floja (40%-60%) pero dentro de lo normal. Por un lado, filtro obras y géneros que sé que no me van a gustar, por lo que el capítulo de "Horrendas" no queda demasiado lleno; por otro lado, la edad y retirada paulatina de una vida social que se pueda llamar así hace que me pierda muchas cosas. Twitter sólo sirve para que los fans hagan ruido. No hagan caso a los fans.


Vamos con la lista:
Buenas: terminé muy contento después de ver la película.
  • Brexit: The incivil war (Toby Haynes)
  • Der Hauptmann (Robert Schwentke)
  • Vice (Adam McKay) [la biografía de Cheney]
  • The Ballad of Buster Scruggs (Coen bros)
  • Once upon a time… in Hollywood (Quentin Tarantino)
  • I, Tonya (Craig Gillespie)
  • Parasite (Joon-ho Bong)

Decentes: me meto en la historia, llega a interesarme pero no salgo entusiasmado. Eso sí, pasé un buen rato y no tuve la impresión de haber perdido el tiempo.
  • They shall not grow old (Peter Jackson)
  • Who we are now (Matthew Newton)
  • The old man & the gun (David Lowery)
  • Colette (Wash Westmoreland)
  • Hevi reissu/Heavy Trip (Juuso Laatio, Jukka Vidgren)
  • The bookshop (Isabel Coixet)
  • White boy Rick (Yann Demange)
  • What they had (Elizabeth Chomko)
  • The inventor. Out for blood in Silicon Valley (Alex Gibney)
  • Green Book (Peter Farrelly)
  • Shoplifters (Hirokazu Koreeda)
  • Roma (Alfonso Cuarón)
  • Widows (Steve McQueen)
  • Can you ever forgive me? (Marielle Heller)
  • The Hummingbird Project (Kim Nguyen)
  • Tully (Jason Reitman)
  • Sorry we missed you (Ken Loach)
  • The Irishman (Martin Scorsese)
  • El reino (Rodrigo Sorogoyen)
  • Joker (Todd Phillips)

Flojas: pasé un rato entretenido, como mucho, pero habría sido mejor dedicarme a cazar piojos o a sacar brillo a la plata.
  • Fahrenheit 11/9 (Michael Moore)
  • Blindspotting (Carlos López Estrada)
  • Galveston (Mélanie Laurent)
  • Support the girls (Andrew Bujalski)
  • Leaving Neverland (Dan Reed)
  • King of thieves (James Marsh)
  • Bohemian Rhapsody (Bryan Singer)
  • The Mule (Clint Eastwood)
  • The Last Race (Michael Dweck)
  • The Sisters brothers (Jacques Audiard)
  • Blaze (Ethan Hawke)
  • Stan & Ollie (Jon S. Baird)
  • Transformer (Michael del Monte)
  • Little Woods (Nia da Costa)
  • Ash is purest white (Zhangke Jia)
  • Styx (Wolfgang Fischer)
  • Dolor y gloria (Pedro Almodóvar)
  • The Art of Self-Defense (Riley Stearns)
  • Toy Story 4 (Josh Cooley)
  • Echo in the Canyon (Andrew Slater), documental
  • The third wife (Ash Mayfair)
  • Bikram: Yogi, guru, predator (Eva Orner)
  • Transit (Christian Petzold)
  • Divide and conquer: The story of Roger Ailes (Alexis Bloom)

Horrendas: total y absoluta pérdida de tiempo. Vaya mierdas. Me cago en todo lo que se menea y en el tarugo que recomendó semejante cosa.
  • Black Mirror Bandersnatch (Charlie Brooker)
  • Mandy (Panos Cosmatos)
  • Fahrenheit 451 (Ramin Bahrani)
  • Campeones (Javier Fesser)
  • The hate U give (George Tillman Jr)
  • Holiday (Isabella Eklöf) 
  • Black 47 (Lance Daly)
  • Relaxer (Joel Potrykus) 
  • Midsommar (Ari Aster)
  • The Brink (Alison Klayman)
  • Sweet Country (Warwick Thornton)
  • The Souvenir (Joanna Hogg) 
  • Entre dos aguas (Isaki Lacuesta)
  • Todos lo saben (Ashgar Farhadi) 


15 de septiembre de 2019

Veranos infernales

Hubo un tiempo en que el verano era mi estación favorita, y no sólo por las vacaciones: ir por la vida despreocupadamente en camiseta y pantalón corto, paseando por la sombra, días larguísimos en los que había tiempo para todo, la ausencia de la ciudad de ese 20% de gente más petarda...
Ya no.
Ahora el verano supone no poder salir al campo, sufrir cada vez que se sale a la calle, dificultades para dormir, y una rutina férrea de abrir y cerrar ventanas para retrasar, que no evitar, la entrada de La Flama.

Hace unos pocos años empecé a apuntar los días verdaderamente infernales, que para mí son los que superan los 36 grados, medidos en el observatorio del parque del Retiro o en el del aeropuerto de Barajas, ya que vivo más o menos a mitad de camino entre los dos. Algo así como el Diario del año de la peste, pero aplicado al calentamiento global.

Como ya van cuatro veranos, el gráfico empieza a quedar presentable:

Número de días con temperatura máxima igual o superior a los 36º en Madrid

Aunque este verano empezó fatal, con un mes de julio que hacía recomendable mudarse al interior de Finlandia, con incendios terribles cada fin de semana y una sequía de las de subirlo todo al Ford T y emigrar a California, la clemencia demostrada por agosto y septiembre lo compensó con creces. 2018, el año primero de las nieves y después de las lluvias, fue también un verano casi perfecto.

Miedo me da lo que vendrá. Seguiremos informando por aquí.

12 de enero de 2019

El cine en 2018

Continúa el ejercicio de clasificación resumen y sin justificar de las películas vistas durante el año, con una selección cada vez más errática. Entradas anteriores:  2012, 2013, 2014, 2015, 2016 y 2017. En 2018 fui capaz de aguantar 60 películas, casi el doble que el año anterior, situándome en el promedio general: salgo más o menos a una por semana, no está mal. Y este año, sorpresa, me gustaron más de la mitad.


Y la lista con las categorías habituales:


Buenas: terminé muy contento después de ver la película.
- Three billboards outside Ebbing, Missouri (Martin McDonagh)
- Wonderstruck (Todd Haynes) 
- Isle of dogs (Wes Anderson) 
- Thoroughbreds (Cory Finley)

Decentes: me meto en la historia, llega a interesarme pero no salgo entusiasmado. Eso sí, pasé un buen rato y no tuve la impresión de haber perdido el tiempo.
- Logan (James Mangold)
- The Big Sick (Michael Showalter)
- The red turtle (Michael Dudok de Wit)
- Logan Lucky (Steven Soderbergh)                 
- Good Time (Josh and Benny Safdie)
- Okja (Bong Joon-ho)
- The Florida Project (Sean Baker)
- Last flag flying (Richard Linklater)
- Suburbicon (George Clooney)
- The Unknown Girl/La fille inconnue (Dardenne bros)
- Marjorie Prime (Michael Almereyda)
- American Made (Doug Liman)
- After the storm (Hirozaku Koreeda)
- The death of Stalin (Armando Ianucci)
- The killing of a sacred deer (Yorgos Lanthimos)
- Una mujer fantástica (Sebastián Lelio)
- I Don't Feel at Home in This World Anymore (Macon Blair)
- The Post (Steven Spielberg)
- Quo vado (Gennaro Nunziante)
- Lady Bird (Greta Gerwig)
- Molly’s Game (Aaron Sorkin)
- Phantom Thread (Paul Thomas Anderson)
- The insult (Ziad Doueiri)
- Ready Player One (Steven Spielberg)
- A quiet place (John Krasinski)
- Lean on Pete (Andrew Haigh)
- Sorry to bother you (Boots Riley)
- The Scientology Movie (Louis Theroux)
- A crooked somebody (Trevor White)
- Thunder Road (Jim Cummings)
- BlacKkKlansman (Spike Lee)

Flojas: pasé un rato entretenido, como mucho, pero habría sido mejor dedicarme a cazar piojos o a sacar brillo a la plata.
- Dunkirk (Christopher Nolan)
- Thelma (Joachim Trier)
- The Square (Ruben Östlund)
- The Meyerovwtz Stories (Noah Baumbach)
- The shape of water (Guillermo del Toro)
- The Founder (John Lee Hancock)
Early Man (Aardman Animations, Nick Park)
- Black Panther (Ryan Coogler)
- Happy end (Michael Haneke)
- Gemini (Aaron Katz) 
- You were never really here (Lynne Ramsay)
- First Reformed (Paul Schrader)
- Incredibles 2 (Brad Bird)
- Never goin’ back (Augustine Frizzell)

Horrendas: total y absoluta pérdida de tiempo. Vaya mierdas. Me cago en todo lo que se menea y en el tarugo que recomendó semejante cosa.
- The Beguiled (Sofia Coppola)
- Baby Driver (Edgar Wright)
- Fe de etarras (Borja Cobeaga)
- Murder on the Orient Express (Kenneth Branagh)
- Atomic Blonde (David Leitch)
- Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve)
- In guerra per amore (Pif)
- Paddington 2 (Paul King)
- Zama (Lucrecia Martel)
- Crazy Rich Asians (Jon M. Chu)
- We the animals (Jeremiah Zagar)

16 de junio de 2018

Ascensión al Calvitero

El pico Calvitero, la cumbre que domina el macizo occidental de Gredos, está en el límite entre las provincias de Ávila, Cáceres y Salamanca. Está separado del resto de la cordillera por el puerto de Tornavacas y el valle del río Aravalle. Por esa zona del mundo saben nombrar a los ríos: del Calvitero nace el río "Cuerpo de Hombre", que tras rodear Béjar discurre hacia el oeste hasta desembocar en el Alagón.

El Calvitero es una presencia constante para todo el que haya pasado por Barco de Ávila, Béjar o por el NE de Extremadura (valle del Jerte, Hervás). Y ¿quién no busca subirse a todas las alturas que ve frecuentemente?.

La ruta más directa parte del aparcamiento al final de una carreterita, retorcida cual justificación de político corrupto, que sube desde el precioso pueblo de Candelario. El punto de partida está a buena altitud, por lo que el desnivel acumulado de la ruta es tratable, unos 930 metros, aunque casi todo el desnivel se sube nada más empezar, a lo burro y sin anestesia. Una vez arriba, se trata de recorrer la cuerda, subiendo a los distintos picos del macizo: la Ceja del Calvitero y la Torre del Calvitero.

Recorrer los casi 15 km nos llevó seis horas. 
La ruta, con lo más duro justo al principio.

 En este año loco de 2018, a mediados de junio todavía queda cantidad de nieve allá arriba.


3 de mayo de 2018

Anatomía de un microondas

Tras unos veinte largos años de fieles servicios, pues calculo que entró en posesión de mi familia a finales de los 90, este horno microondas Samsung entregó su alma a Dios, y su cuerpo... a mis torpes manos. Documento aquí el proceso de su autopsia para las generaciones venideras.
Nota de la propiedad: el hule de la mesa de la cocina estaba impoluto antes de que empezase a meter caña al destornillador. Ojo.

1. Aspecto exterior del protagonista, nacido en la Gran Bretaña y dotado de un manual de instrucciones de verdad y de tamaño folio. Los lujos de antaño, oigan.



2. Una vez retirada la carcasa, las entretelas quedan a la vista. Hay sitio de sobra para trabajar y todo está unido mediante tornillos y conectado por fastón-espadín: eminentemente reparable. Ya podía venir todo así.
 El bus de instrucciones de un aparato puramente analógico

3. Empiezan saliendo los componentes más gordos y valiosos. Primero, el único circuito impreso, que contiene dos fusibles y tiene toda la pinta de estar ahí para regular lo que nos manda la compañía eléctrica. O para arrancar los motores síncronos, que todo puede ser.


Luego, estos tres kilos y medio de transformador. Tuve que usar la báscula del baño para pesarlo. No dice el voltaje de salida, pero según el internet un valor típico son 2200 V, así que cuidadín amigos. He tropezado con un tutorial para construirse un aparato de soldadura a partir del transformador de un microondas, así que corriendo al punto limpio antes de que me entren tentaciones.

La protuberancia roja en el cable (une la salida del transformador con el condensador que viene a continuación) es un fusible soldado, supongo porque si algo va mal en ese cable será mejor pensar despacito lo que estamos haciendo.


El enorme pedazo de condensador entre transformador y magnetrón:

Lo que da sentido a todo esto se llama Magnetrón. Cuando era supervillano, Magnetrón se dedicaba a dar de tortas a Supermán, pero le convencieron para dedicarse a calentar desayunos y sopas de sobre generando ondas de 2.54 GHz. Ese tipo de ondas se empezaron a usar cuando el radar hacía sus primeros pinitos, allá en los años 30, cuando todo cristo buscaba la paz armándose hasta los dientes. Como su longitud de onda, de unos pocos centímetros, era mucho menor que lo que estaban acostumbrados a manejar, pues se quedaron con "microondas" y así hasta hoy.

Otra vista del aparato mostrando la guía de ondas que apunta a la cavidad donde calentábamos las sobras para la cena:

4. Pasemos ahora a mostrar los aparejos de regulación ambiental, verbigracia la bombilla y el ventilador, alojados cada uno en su carcasa de plástico:


Vista trasera del ventilador. Del extraño motor que lo mueve hablaremos más adelante: 

 5. Ahora vamos a extraer el circuito de control. Una de las grandes ventajas de este cacharro, y el motivo por el que nunca entenderé que existan hornos microondas con teclados de mil funciones, es que le bastan dos mandos: potencia y temporizador. Aquí veremos qué hay detrás de ellas.
Detrás de la rueda del mando de potencia (la de arriba) hay un relé (la caja negra de la foto bajo estas líneas) con el que no está conectada. Al moverla, unos engranajes de plástico actúan sobre la caja sobre la que también actúa el mando del temporizador, que en la foto de abajo aparece detrás de la campanilla y conteniendo lo que tiene toda la pinta de ser un motor eléctrico.

 

 El cajetín de control, sus entradas y salidas. Como todos los componentes, hecho en Corea.

Aquí, lo más interesante: cómo hacer por cuatro duros un controlador que por un lado regula la potencia (probablemente el engranaje de la tapa, controlado por el mando superior, controlaba qué porcentaje de tiempo se activa el relé que da paso a la alimentación de Mr. Magnetrón) y por el otro el tiempo - no olvidemos que el temporizador no sigue una escala lineal, lo que al principio es un minuto al otro lado de la escala son diez.
Probablemente la carbonilla alrededor del mando del temporizador tuvo mucho que ver con la caída en desgracia de nuestro microondas.
Relojería fina, amigos:
También podemos considerar mecanismo de control al seguro que previene el encendido del microondas (¡con estallido de globos oculares! ¡diversión!) si la puerta no está bien cerrada. Este dispone de tres pulsadores. Basta con que uno no esté cerrado para que el aparato no se encienda: hay que proponérselo para hacer el animal.


6. Para terminar, un vistazo a los tres motores que mueven todo este tinglado.
Empezamos con el del temporizador, un motorcete síncrono de lo más sencillo. El rotor no es más que un imán permanente.

El del plato giratorio, que parecía tan sencillo por fuera (50Hz de entrada, 5 rpm) recurre a un desmultiplicador mecánico para bajar la velocidad a unas revoluciones compatibles con el cuenco de sopa.

Una vez apartados los engranajes, nos queda otro motor síncrono de imán permanente, muy parecido al del temporizador.

El más extraño es el del ventilador, que parece un híbrido entre transformador y motor eléctrico. Extraño sobre todo para mí, que mi único contacto con los motores fueron un par de temas de una asignatura bastante maría (Electrotecnia), explicada a partir de un incunable medieval y por supuesto tan teórica como los principios de la Escolástica. Se trata de un motor con espira de arranque, barato y duradero. Como tiene dos polos y la frecuencia de la red es de 50 Hz, 3000 rpm que tenía nuestro ventilador.
Lo mejor es el nombre del rotor: ¡jaula de ardilla!

Lo más asombroso es que por cuatro duros miserables podamos tener un cacharro funcionando durante años sin quejarse una sola vez. Ya veremos cómo se porta ese sustituto que ha aparecido en su lugar.