15 de noviembre de 2008

Alberto García-Alix. De donde no se vuelve.

Museo Reina Sofía. Del 5 de noviembre de 2008 al 16 de febrero de 2009.
Web de la exposición.


Alberto García-Alix es considerado por la prensa española como poco menos que el fotógrafo oficial de la movida madrileña; y cuando la prensa de este país te encasilla, que el Señor se apiade de tu alma: has sido condenado al infierno del lugar común. Cuando necesitan ilustrar un artículo sobre marginación opiácea, meter el topicazo de "superviviente de la movida", la posibilidad de que recurran a una imagen de este fotógrafo es demasiado alta.

Ésta es la primera vez que he aparecido por una exposición de García-Alix, bien contaminado por el tópico que acabo de referir. He descubierto a un fotógrafo con talento, que habría brillado igualmente en cualquier otra época. Era parte del ambiente que captaba, que compartía con los sujetos de sus imágenes.

La exposición, una retrospectiva con gran número de obras, contiene fotografías tomadas a partir del año 1978. Siempre en blanco en negro, algunas reproducidas en gran formato; aunque contiene variedad de temas, a mí las que me han fascinado son los retratos. En la superficie, una estética rocker/punk hoy en día totalmente pasada de moda (y con unas connotaciones que no hacen ninguna gracia, a pesar de los intentos patéticos de resucitar la pesadilla) que García-Alix logra penetrar, descubriendo tristeza y a veces ternura tras máscaras de dureza y marginación, los rostros al principio casi infantiles que chocan con los atuendos y muecas inverosímiles de tipo malo. Personajes que quedan totalmente desnudos ante la cámara, y ante los ojos del espectador.
Si tuviera que elegir uno, me quedaría con el "Retrato de Teresa", una composición muy original en el que aparece únicamente la mitad de la cara de la chica, muy seria, casi triste, siendo el resto de la foto un fondo poco iluminado de papel pintado cayéndose en pedazos.
Una pena que el Google no haya sido capaz de encontrármelo.

También son buenos sus muchos autorretratos, espaciados a lo largo de 30 años; las imágenes clásicas de brazos y jeringuillas, y los homenajes a los amigos caídos. Y mucho más, hay material como para dedicar un par dos horas a contemplarlo. Lo importante es recordar que el tópico de la marginación ochentera es sólo un decorado: vayan a verla, porque hay mucho más.

Alberto García-Alix. El dolor de Elena Mar, 1992

Cuando nadie recuerde cómo fueron los ochenta, cuando nadie sepa qué significan la cucharilla doblada y el papel de aluminio, quedarán los rostros de desafío, los cuerpos que reflejan sufrimiento y los ojos de las víctimas. De las misiones que se le atribuyen al arte, probablemente la más importante.

13 de octubre de 2008

Práctica de fotografía: Peluquería de barrio

Recurrí a la del señor Ramón, ya que periódicamente salgo de ahí bien pelado, y repeinado cual pequeño ruiseñor. Siempre me hace lo mismo, menos mal que mi casa está a un paso.

La expresión "peluquería de barrio" la describe perfectamente: contrachapado, escai, formica, cromos religiosos (y del Real Madrid) en las paredes, frascos de lociones desaparecidas hace décadas del mercado... todo lo contrario de esos templos con sillones cromados y veinte metros cuadrados de espejos que se ven por el centro de la ciudad, o de las franquicias de plástico, neones violetas y enormes fotos filogays.

Dados los condicionamientos de espacio (local diminuto), iluminación (más bien poca) y del público presente (prohibido mostrar caras), opté por el cobarde género del bodegón, desde el punto de vista del paciente: 

El bolsillo del barbero, con su tijera y su peine: probablemente lo que más tiempo miramos durante la operación.

Escalera de navajas

Bodegón en rojo y cromo.

11 de octubre de 2008

Vamos a celebrarlo con una canción

Ahora que parece que el mundo se hunde, vamos a poner algo bueno:

"Atlantic City", una de mis canciones favoritas de Bruce Springsteen. 
Del disco 'Nebraska', 1982.

Por supuesto, hay un bonito vídeo en YouTube.


Well, they blew up the chicken man in philly last night
Now, they blew up his house, too
Down on the boardwalk theyre gettin ready for a fight
Gonna see what them racket boys can do

Now, theres trouble bustin in from outta state
And the d.a. cant get no relief
Gonna be a rumble out on the promenade
And the gamblin commissions hangin on by the skin of his teeth

Well now, everything dies, baby, thats a fact
But maybe everything that dies someday comes back
Put your makeup on, fix your hair up pretty
And meet me tonight in atlantic city

Well, I got a job and tried to put my money away
But I got debts that no honest man can pay
So I drew what I had from the central trust
And I bought us two tickets on that coast city bus

Now, baby, everything dies, honey, thats a fact...

Now our luck may have died and our love may be cold
But with you forever Ill stay
Were goin out where the sands turnin to gold
Put on your stockins baby, `cause the nights getting cold
And maybe everything dies, baby, thats a fact
But maybe everything that dies someday comes back

Now, I been lookin for a job, but its hard to find
Down here its just winners and losers and dont
Get caught on the wrong side of that line
Well, Im tired of comin out on the losin end
So, honey, last night I met this guy and Im gonna
Do a little favor for him

Well, I guess everything dies, baby, thats a fact...

Y, como dice el blog de Foreign Policy:
Today's Agenda

Drink heavily.

5 de octubre de 2008

A La Peñota desde el puerto de Guadarrama

Una excursión ideal para aprovechar un día claro de principios de otoño, en buena compañía. Sería la prolongación de esta hacia el norte, siguiendo el sendero de gran recorrido GR-10 hasta la primera montaña merecedora de ese nombre, La Peñota.


La ruta, de ida y vuelta por el mismo camino

Datos medidos con el GPS:
Distancia recorrida: 13,4 km
Tiempo en movimiento: 4h 6'
Tiempo parados: 2h 40'

No se trata de una ruta complicada, aunque una forma física mediana hará más agradable el recorrido. Recomiendo un poco de atención en el ataque final a la Peñota, por riscos de granito tan típicos del Guadarrama: la senda está marcada con muy buen criterio, por lo que vale la pena buscar siempre el siguiente hito. O enriscarse y salir del lío usando pies, manos y dientes.

Perfil, simétrico, de la ruta. Unos 500 m de desnivel.

21 de septiembre de 2008

La higuera: una metáfora de la posguerra

Siguiendo el buen consejo de una lectora del sitio web predecesor de este blog, pasé por la librería y adquirí el siguiente libro:

Ramiro Pinilla: La higuera 

Tusquets, Barcelona, 2006. 263 páginas.

Es inevitable que esta novela me haga referir la trilogía Verdes valles, colinas rojas, anterior, obra maestra de Ramiro Pinilla. No sólo porque ésta sea imposible de olvidar, sino porque La higuera encajaría bien como un capítulo dentro del tercer tomo, Las cenizas del hierro: los hechos narrados suceden en el mismo Getxo, y volvemos a encontrarnos alguno de los personajes secundarios de la trilogía: el traidor Benito Muro, el cura carlista don Eulogio del Pesebre, la ilustre familia de los Ermo de la Venta, la maestra... También facilitaría el engarce la estructura narrativa, en la que cada capítulo es narrado por personaje diferente: la maestra, encargada del prólogo y del epílogo, y el verdadero protagonista: Rogelio Cerón. Aunque se puede leer, y entender a la perfección, como una novela independiente del complejo mundo construido a lo largo de la trilogía, se disfruta mucho más si ya se conoce el pasado del pueblo y de los personajes.

Rogelio, apodado "Chumbo" o "Txominbedarra", natural de Valladolid, falangista de primera hora, llega a Getxo con la retaguardia de las tropas franquistas. Forma parte de una cuadrilla de asesinos encargada de matar republicanos, o sospechosos de serlo, en una vuelta de tuerca más a las sacas diarias de las cárceles. Una actividad por lo demás muy apreciada por los poderosos de siempre, que acaban de recuperar lo suyo y quieren erradicar ciertos sueños para siempre.

Rogelio responde al arquetipo de joven falangista que tras unos años de desenfreno asesino haciendo el trabajo sucio entre cantos y consignas, está destinado a envejecer como estómago agradecido, bajo funcionario del régimen, estanquero o taxista, acordándose de la "revolución pendiente" a partir de la tercera copa de sol y sombra.
Pero algo se tuerce, algo que aunque la novela desvela pronto, no voy a contar aquí, y Rogelio termina convertido en un ermitaño muy peculiar, a cuya chabola peregrinan todas las viejas de la comarca y que tiene una extraña obsesión con la higuera que da título a la obra.

Ante el abismo. Ávila, agosto de 2008.

La higuera, historia trágica, de crímenes y de expiación, refleja el infierno de represión y posguerra que tuvo que aguantar este pobre país, y lo hace de forma magistral, algo que no extrañará a quienes conozcan Verdes valles, colinas rojas, pero que merece la pena recalcar, pues un tema tantas veces tratado (no siempre con acierto) en nuestro cine y en nuestra literatura puede despertar cierta prevención ante el potencial lector. Ramiro Pinilla parte de un argumento aparentemente absurdo, se apoya en un lenguaje elegante pero sencillo y dominando los tiempos de la narración construye una inquietante metáfora de la historia reciente de España. Una metáfora cuya interpretación no me atrevo a plantear de forma tajante (la prudencia del torpe), pero que para mí viene a ser la vitalidad del pueblo, capaz de renacer tras catástrofes cada vez más destructivas y crueles. Otra lectura, que no contradice la anterior: para la reconciliación, además de mucho tiempo, es necesario el conocimiento de los hechos.

Tras esta incursión en solemnidades peligrosas, no quiero terminar sin señalar que "La higuera" no es una novela dura y triste, sino todo lo contrario: como buena historia absurda, es divertida, hay chascos para todos y personajes capaces de cantar las verdades ante cualquiera, como Cipriana, la mujer del traidor hecho alcalde, que no olvida sus orígenes en el barrio de los pescadores y llama las cosas por su nombre -los que matan, se llaman asesinos-. Tiene mucho mérito lo que consigue Ramiro Pinilla, escribir una novela agradable de leer, pero llena de significado.