4 de mayo de 2009

Los últimos años de la dictadura

El sitio web que precedió a este blog que ustedes leen, mic-culturilla, abandonado a su suerte, corre peligro de desaparecer cualquier día de estos. Para evitar que su naufragio se lleve la reseña de la magnífica novela de Isaac Rosa (publicada en la web el 28/11/2004), la reproduzco a continuación.

Isaac Rosa
El vano ayer

Seix Barral. Barcelona, 2004.
309 páginas.


Cervantes escribió la novela que acabaría con los libros de caballerías. Isaac Rosa no terminará con las novelas sobre el periodo franquista, pero al menos quien lea "El vano ayer" estará pertrechado con todas las claves para reconocer las malas, detectando los lugares comunes antes de que puedan ejercer su influencia nociva.

Al mismo tiempo, se enfrenta al manto de color rosita pastel con que políticos, prensa, cineastas y algunos novelistas han disfrazado al tardofranquismo y la transición. ¿Sale bien parado de la batalla? ¿O, tras perder algunos dientes y descubrir lo que son las descargas eléctricas en los genitales, acaba reconociendo que la vida era como la cuentan las series de televisión? La respuesta, amigos, en mi simplificada reseña.

Isaac Rosa se plantea escribir una novela ambientada en el tardofranquismo, época de disturbios estudiantiles, lógica dialéctica, cargas de los grises, alocada juventud, etc. En lugar de dirigir la narración por los derroteros que cree convenientes, renuncia a esa prerrogativa, mostrando las cartas con las que él, como autor, comienza la partida. La elección de los personajes, a partir de nombres encontrados en notas a pie de página durante un largo esfuerzo de documentación, y del argumento, de entre unas cuantas historias tipo a elegir de entre las clásicas y tópicas del período en estudio, da pie a una larga y muy interesante reflexión sobre el adocenamiento y la manipulación que supondría seguir el camino trillado: personajes arquetípicos, que, a lo largo de una peripecia predecible por lo conocida, acaban por reforzar el tópico costumbrista de los felices años 60, culminando en la poco menos que perfecta (y feliz) transición. Una elección que no sería inocente.

No es inocente situar una ficción en el franquismo como si de cualquier período histórico se tratara, no es lo mismo una historia policiaca en una abadía benedictina medieval que en Madrid 1965, sobre todo en una sociedad que prefirió tapar todo lo desagradable sucedido entre 1936 y 1975, decisión que tuvo sus razones pero que no debemos aceptar acríticamente. Los que no pudimos conocerlo de primera mano tenemos el derecho de saber lo que ocurrió, no a través de ñoñas películas costumbristas ni de memorias escritas por quienes en vacaciones antes de ir a Ibiza pasaban por París a manifestarse un rato. Aunque sólo sea para saber a quién tenemos algo que agradecer y quiénes aprovecharon bien la oportunidad de medrar, aprovechando el esfuerzo ajeno para quedar como unos héroes.



Consecuencia. Madrid, octubre de 2004.


De entre los cientos de entradas encontradas en los índices onomásticos de obras serias sobre el período, el autor selecciona dos, de aparición fugaz en la Historia, para ser sus personajes: un "líder estudiantil" y un profesor, quienes desaparecieron en febrero de 1965, un mes de mucho disturbio en la Ciudad Universitaria.

Se alternan capítulos de pura novela, a veces contados por un narrador omnisciente, otras veces por algún personaje secundario, con las reflexiones del autor sobre cómo escribir la novela: en qué cliché situarla, el papel de las casualidades, qué arquetipo adjudicar a cada personaje... son los mejores pasajes, sin duda. Al lector le asalta la sospecha de si no se estará recurriendo a la vía fácil de la reflexión en voz alta en lugar de construir una buena novela, sospecha difícil de espantar. Sin embargo, los capítulos novelados demuestran que para Isaac Rosa no habría sido ningún problema: en cuatro páginas el lector está metido de lleno en la peripecia, a pesar de haber sido avisado de que no es más que un artificio, y a haber asistido a la selección y mezcla de los ingredientes. El lector se ve arrastrado por la novela, empieza a simpatizar con los personajes, quiere saber qué es lo siguiente que les sucede... menos mal que el autor, bruscamente, corta la narración para enseñar, una vez más, que el escenario es de cartón piedra. Un buen ejemplo es la doble biografía del profesor desaparecido, impresa a dos columnas, que demuestra lo fácil que sería colocarlo en cualquiera de los dos bandos.

Según avanzamos en “El vano ayer”, los pasajes que podemos llamar metaliterarios van dando paso a materiales “en bruto”, algunos de los cuales son casi perfectos: versiones de la prensa española y francesa del mismo suceso (una manifestación), las declaraciones de un policía herido en la misma, un editorial de periódico adicto al régimen... no voy a hacer la lista de todos. Sólo señalar que, llegando al final del libro, se vuelven más chirriantes y amargos, como el capítulo que podemos llamar “de la risa” —una descripción acelerada de la muy hilarante transición española—, o el que a mí me ha parecido el más flojo del libro, una glosa de aquel General que ganó a los rojos todos los Reynos de España, escrito a modo de cantar de gesta y demasiado largo, pareciendo más una mera demostración de ingenio.

“El vano ayer” es un libro muy ambicioso, que lucha simultáneamente en dos frentes, contra la escritura de novelas siguiendo una fórmula —un trabajo que, si se tiene cierta facilidad expresiva, viene a ser tan monótono como el de un contable— y el vergonzoso recuerdo que en España se tiene de los hechos sucedidos durante las décadas de los 60 y 70. Un recuerdo totalmente favorable a los verdugos, a la gauche divine, a los funcionarios fieles a la dictadura, y que por tanto no hace ninguna justicia a los torturados, o simplemente a tantos que tuvieron que aguantar durante décadas la sumisión absoluta al fascista de su barrio, al cura de su pueblo y a toda figura de autoridad.

Además, es una lectura agradable, pues está muy bien escrito. El autor hace gala de un dominio del idioma formidable, y es evidente que se trata de una escritura muy trabajada. Esperaré con atención el próximo libro que publique.

3 de mayo de 2009

Temblando como una liebre

La pasada quincena ocurrieron dos hechos incorrelados pero que me hicieron interrumpir la grata lectura que tengo entre manos para dedicar unos días a una novelita de autor prometedor. Viktor Stlánik, coautor del exquisito blog literario Desplazamientos sin órbita le dedica una maravilla de artículo, y una semana más tarde, al entrar en la biblioteca de mi barrio a por una guía turística para mis próximas vacaciones -de las que no pienso volver- me lo encuentro delante de mis narices, en el estante de los libros recién retornados. Al saco.

Quien quiera leer una crítica bien escrita, a Desplazamientos sin órbita. Para los demás, queda esto:


Isaac Rosa
El país del miedo

Seix Barral, Barcelona, 2008.
314 páginas.
Ficha en la web de la editorial.


No recuerdo por qué me dio por leer El vano ayer, novela publicada por Isaac Rosa en 2004; sí recuerdo muy bien que me encantó. Hace unos meses la releí, y esa relectura no hizo más que aumentar mis deseos de leer algo más del autor, que además es de mi quinta y reside en mi hortelana comarca. Leo con frecuencia su columna en el diario Público, Trabajar cansa, pero a pesar de titularlo con una gran verdad, no acaba de gustarme, no hila muy fino que digamos.

Cuento todo esto, además de por ser gratis, para que se hagan ustedes una idea del grado de ilusión, entusiasmo, entrega, etc. con que emprendí la lectura de El país del miedo. En una palabra: decepción.
Isaac Rosa no abandona la estructura de "falsa novela" manipulada a la vista de los lectores para presentar una tesis, esa estructura que tanto me gustó. Pero lo que en El vano ayer es un salto constante de registros, personajes y puntos de vista (profesor pusilánime, anarquista torturado, gris caído del caballo, y otros) para analizar las posibilidades de una peripecia en un brillante juego escritor-lector dedicada a desmontar muchos lugares comunes de nuestra gloriosa Transición, en El país del miedo la estructura es mucho más simple, alternando breves capítulos narrativos con reflexiones sobre el tema de la novela, que no es otro que el miedo en las sociedades "civilizadas" de centro comercial y televisión, como la nuestra.

El argumento, muy simple, cuenta la reacción del protagonista, Carlos, ante el descubrimiento de que su hijo, de doce o trece años, es cruelmente extorsionado por un compañero de instituto. Torpe y cobarde, su forma de enfrentar la situación le mete en un lío de cada vez más difícil salida, pues el tal Carlos, más que un personaje es la liebre de los cuentos, siempre temblando aterrorizado, cuyas únicas respuestas son la sumisión y la huida.


Down in the Hole (con permiso de Tom Waits)
Madrid-Fuencarral, marzo de 2009

Sospecho que con Carlos el autor no ha querido crear un verdadero personaje, sino un vehículo para que se manifiesten todos los miedos, terrores y espantos del catálogo que se van desgranando en los intervalos entre capítulos narrativos. De ninguna verosimilitud como personaje de novela, sirve como ejemplo de víctima de los temores que infectan nuestra sociedad, tan influida por la "cultura popular" de los medios de comunicación de masas: atracos, violaciones, pandillas callejeras, brutalidad infantil, leyendas urbanas, extranjeros, brutalidad policial... que nos vuelven una masa de ovejas que obedece agradecida los silbidos de su pastor y soporta los mordiscos de los perros, pues cree que fuera del rebaño la vida será mucho peor.

No entiendo por qué se queda ahí, por qué no ha aprovechado para enriquecer El país del miedo con más personajes/arquetipo que aporten más puntos de vista, o con tesis con más potencial de polémica. Por ejemplo, incidiendo más en las reacciones políticamente correctas de Carlos, el cual es capaz de justificar todas las vejaciones de que es objeto, auténtico cristiano que pone la otra mejilla como buen discípulo de la izquierda más ñoña. Pero quedándose ahí, no va más lejos que Michael Moore en películas como Stupid White Men o Bowling for Columbine, capaces de argumentar la misma tesis de una forma mucho más ágil.

Quizá mi animadversión por la temática elegida sea algo personal, han sido muchos años aguantando mierda de Hollywood, de la televisión o de la sensacional prensa patria. Pero El país del miedo tiene también aspectos buenos, logrando provocar escalofríos de lo puro patético que es el protagonista y la reflexión automática: ¿sería yo capaz de caer tan bajo en similares circunstancias, oh maestro? Prefiero quedarme con la duda, aunque nunca está de más hacerse la pregunta. También me han gustado los soliloquios de Carlos a lo Saramago, un recurso que hace mucho más llevaderas las páginas donde ese ser tan desvalido analiza y vuelve a analizar la terrible amenaza que se cierne sobre su familia, atacada por un mocoso de trece años.

Seguiré esperando otra novela a la altura de El vano ayer. Seguro que vendrá.

20 de abril de 2009

Retratos de Nueva York: Fotografías del MoMA

La Casa Encendida. Del 27 de marzo al 14 de junio de 2009. Web de la exposición.
El propio MoMA tiene una web ejemplar dedicada a su colección de fotografía en la que se pueden pasar horas contemplando maravillas.

Algunas ciudades lo tienen muy fácil para darse a conocer sin tener que derrochar millones en campañas publicitarias de rendimiento dudoso. Por ejemplo, todos hemos visitado París, Berlín o Barcelona leyendo novelas o contemplando películas, mientras que no hay manera de imaginar cómo son Burdeos, Frankfurt o Murcia (iba a decir Bilbao, pero ahí está Ramiro Pinilla).

En la primera categoría destaca sin duda Nueva York, protagonista de cientos de películas y novelas, canciones y poemas, de tal modo que al pisar la calle 42, Central Park o incluso cruzar Harlem todo nos resulta familiar. Un arte tan del siglo XX como la fotografía necesariamente se ha tenido que ocupar de la ciudad protagonista del siglo, y ésta es la exposición ideal para comprobarlo: una selección de los fondos del Museum of Modern Art, a cuya colección de fotografía no creo que haya muchas que le hagan sombra.

Michael Wesely. "9 August 2001 - 2 May 2003. The Museum of Modern Art, New York"

La muestra de La Casa Encendida es un rápido repaso por la historia de la fotografía: el pictorialismo de principios de siglo, la admiración por los desfiladeros de rascacielos, retratos de personajes famosos, fotografía documental, sucesos, gente de la calle... Están casi todos los maestros que conozco: Stieglitz, Steichen, Cartier-Bresson, Dorothea Lange, Diane Arbus, Walker Evans, Garry Winogrand, Robert Frank... mejor no termino la lista, baste saber que están representadas muchas épocas y estilos, al menos las más importantes. También es una buena oportunidad de descubrir fotógrafos, yo vuelvo a casa pensando en las imágenes de la recientemente fallecida Helen Levitt y con las de Ted Croner, cuyo nombre no había oído en la vida.

Helen Levitt. "New York, circa 1940".
La web 'lens culture' tiene
una buena selección de esta fotógrafa.

Una selección muy completa en la que el único requisito, además del homenaje a la ciudad, parece haber sido el blanco y negro, muy apropiado. Y que todas las fotos las puedan ver los niños, claro...

No olvidemos que simultáneamente tenemos en Madrid la exposición de Weegee. Hay veces que parece que los Reyes Magos han leído la carta.

"Taxi, New York Night, 1947-48"
La obra más conocida de Ted Croner

19 de abril de 2009

Francis Bacon en el Prado

Museo del Prado. Del 3 de febrero al 19 de abril de 2009. Web de la exposición.

Tuve la oportunidad de contemplar esta exposición pocos días antes de su cierre; me habría fastidiado no poder contemplar la obra de uno de los pintores más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Lienzos desgarradores, angustiosos, donde a veces lo único que se puede reconocer son los dientes de una figura retoricida en un paroxismo de dolor, culminando en los Trípticos de la Crucifixión. Pintura para salir deprimido, pues no dice nada positivo y sí expresa amargura, terror e incomprensión sobre la futilidad de la vida y sus trabajos; se hace duro aguantar tal catarata de desesperación, pero reconozcamos que una de las misiones del arte es obligarnos a enfrentar la parte desagradable de la existencia.
Que por mucho que nos escondamos, siempre nos encontrará.

Francis Bacon, Study after Velázquez's Portrait of Pope Innocent X, 1953. La serie de estudios sobre este famoso retrato es una de las mejores secciones de la exposición.

Ahora hablemos un poco de la exposición, repartida de forma absurda en tres salas de la parte recién construida del Museo del Prado, dos en una planta y la tercera subiendo unas escaleras y volviendo a enseñar la entrada, algo incómodo y que impidió mi costumbre de, al terminar la exposición, recorrerla en sentido inverso para detenerme solamente ante las piezas que más me impresionaron. También algo absurdo, porque calle abajo tenemos un museo recién ampliado con salas enormes más adecuadas para estas exposiciones masivas, que además da la casualidad de que se trata de un museo de arte moderno que frecuentemente se critica por infrautilizado.

El precio de la entrada es ya de 8 €, lo cual me parece una exageración para un museo público por el que ya pagamos una barbaridad en impuestos. La famosa ampliación salió por 152 millones de euros, y con eso podrían haber entrado gratis unos 25 millones de personas a los precios anteriores... unos 9 años de disfrute del arte si tomamos los datos del año pasado, con sus cifras récord de visitantes.

Siempre habrá gente que piense que eso es pura demagogia, como suelta doña Elvira Lindo en esta insensata columna, pero yo creo que, igual que tenemos el deber de preservar y acrecentar el patrimonio artístico de la nación, tenemos el derecho a disfrutarlo. Si siguen subiendo el precio de la entrada, vamos a terminar preguntándonos si ese "patrimonio" es realmente nuestro...
Claro que para pulirse nuestros dineros en magnas obras firmadas por el arquitecto de moda y que luego prefieren no utilizar no ven ningún problema.

Francis Bacon, Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion, 1944.

10 de abril de 2009

Estaciones (del via crucis)

Hace pocos días, ADIF, ese ente inventado para pasarse la pelota con Renfe y mejor torear al ciudadano, benévolamente decidió permitir hacer fotos en sus instalaciones a aquellos que bien las hemos pagado, sin necesidad de permiso previo. Lo anunciaron aquí:
http://www.adif.es/es_ES/ocio_y_cultura/fotografia_ferroviaria/aficionados_fotografia.htm

Tomándoles la palabra, el día de Jueves Santo nos presentamos en la estación de Atocha, con nuestros humildes equipos de aficionado pobre.
Mucha gente haciendo fotos a las tortugas del estanque; buscábamos unas imágenes algo distintas,

Estación de Atocha, Madrid, abril de 2009, segundos antes de tener que recoger el equipo y pasar al mundo de Kafka

con lo que el encuentro con el guardia de seguridad fue inmediato. Como salvoconducto llevábamos la página web anterior impresa a todo color, lo que nos sirvió para ser conducidos a la oficina de atención al cliente, lugar donde pudimos escuchar peregrinas razones aludiendo a la seguridad (eso lo justifica todo, paga y calla) e incluso a que los niños podrían tropezar con el trípode. Cuando sacan ese argumento (think of the children!), no queda más remedio que pedir que venga Madame Supervisora.
La cual, tras cuidadosa lectura de la documentación de su propia empresa, dictaminó:
  • Que como aficionados sí podemos hacer fotos dentro del edificio de la estación.
  • Que como aficionados no podemos usar trípode.
Dos sentencias contradictorias que prácticamente impiden hacer fotos mínimamente decentes, salvo a las célebres tortugas del estanque. Pero, como creo que ya dije en alguna parte, para fotos a los bichos ya tenemos el zoo...

Magnánima como ella sola, esa funcionaria digna de figurar en El Proceso de Kafka nos entrega un papelito con los números de la delegación del gabinete de prensa de ADIF para la zona centro (Madrid, Guadalajara, Toledo y Ciudad Real): 91 774 44 70, -73, -74 y -75. El fax: 91 774 45 10.

Seguiremos informando... probablemente me digan que sin carnet de prensa no hay nada que hacer, y que al no aparecer la categoría de "aficionado con trípode" en el reglamento, que me dedique a la pintura rápida. Y yo pediré a los demonios que les apliquen lo que estamos pasando casi todos los demás, una temporada en el paro aclara muchísimo los conceptos.

Arengando a las masas tortugófilas