14 de septiembre de 2008

Los hombres de madera y los hombres de hierro

Probablemente la novela que más tiempo me ocupó leer durante el año pasado, y que más placer me produjo, fue la trilogía de Ramiro Pinilla. Reproduzco aquí la reseña que apareció en mi sitio estático el 20/8/2007...


Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas.

De cómo en Vizcaya surgió el hierro, enloqueció a algunos hombres y transformó a todos, a pesar de las antiguas tradiciones. Contado en forma de monumental novela.









Vol 1: La tierra convulsa

Tusquets, Barcelona, 2006. 744 páginas. 4ª edición, la primera fue en 2004.

Vol 2: Los cuerpos desnudos

Tusquets, Barcelona, 2005. 782 páginas.

Vol 3: Las cenizas del hierro
Tusquets, Barcelona, 2006. 646 páginas. 2 ª edición, la primera fue en 2005

La lectura de "Verdes valles, colinas rojas" es una empresa exigente en tiempo y esfuerzo, una tarea que probablemente llevará meses. Por tanto, es más lícito que nunca plantearse la pregunta: ¿valdrá la pena emprender tan larga tarea?

Más aún, cuando el contexto de la novela se puede definir como "la historia reciente del País Vasco", incluyendo menciones abundantes al PNV. Como nativo de una región de España carente de hecho diferencial, sin intereses centralistas siquiera, he de confesar que cuando leo un periódico, siempre me salto la obligatoria sección de política vasca (larga es la sombra de ETA, y cuánto periodista se iría al paro sin ella) y, en cuanto a televisión y radio, es el momento de conmutar ese bonito interruptor a la posición de off. La saturación informativa, constante desde que tengo uso de razón, además de llevarme a conocer más nombres de cargos del PNV y de HB que de los partidos de mi tierra, y más aldeas de Guipúzcoa que de mi propia provincia, ha conseguido desinteresarme casi del todo de lo que ocurra en esa infortunada tierra.

A pesar de todos mis prejuicios y temores, amable lector, afirmo que "Verdes valles, colinas rojas" supera totalmente las lógicas prevenciones iniciales -longitud, temática- y la recomiendo sin reservas. 

"Verdes valles..." obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 2005 y el Premio Nacional de Narrativa en 2006, dos de los pocos galardones respetables que quedan en este país.

Resulta complicado resumir una obra tan ambiciosa, que da forma a un mundo rico y complejo, que aunque trasunto de un paisaje y unas gentes bien reales, tendría perfecta consistencia como una construcción totalmente imaginaria. Situada en un espacio geográfico muy reducido, el municipio de Getxo, con algunas incursiones al otro lado de la ría del Nervión, temporalmente cubre los años de despegue de la industria pesada vizcaína -siempre el hierro, minas y altos hornos-, hasta su declive durante la crisis de los 70: prácticamente un siglo. Como cumbre trágica, la caída del frente de Bilbao durante la Guerra Civil.

La novela puede interpretarse como la lucha entre los hombres de madera —los campesinos, la tradición, un tanto falsaria, basada en el folklore y en la pureza simbolizada en los caseríos— y los hombres de hierro, representantes de la industrialización y el progreso económico que enriquece a algunos, destruye el paisaje y lo llena de extraños, venidos de tierras lejanas y portadores de ideas destructivas. Pero pronto veremos que la situación es más compleja, pues al eterno conflicto tradición-modernidad se le superpone el no menos viejo enfrentamiento entre ricos y pobres, formando un tablero de juego de cuatro esquinas, hacia las que se aproximan los personajes principales:

El cacique tradicionalista, clerical, está representado por la marquesa Cristina Oiaindia. Nacionalista sabiniana, hipócrita consumada, manipuladora, sus principales víctimas acaban siendo sus hijos. Empeñada en que la esencia del alma vasca no desaparezca de entre sus aparceros y arrendatarios, sin embargo establece contacto por matrimonio e inclinación con la burguesía industrial, culpable de convertir Vizcaya en un paisaje quemado de minas de hierro y altos hornos, poblándolo de maketos ignorantes de las verdaderas tradiciones.

El mundo del campesinado toma cuerpo en la novela en la familia Altube, del caserío Altubena —detalle éste muy importante—, aunque también muchas familias de los caseríos de Getxo, presentes desde tiempos remotos juegan un papel importante: los Larreko, Etxe, Ermo... Aunque humildes, tardan más en abandonar las viejas costumbres que sus "mayores". Muy conservadores, el signo de los tiempos les hace vulnerables a la contaminación por los postulados del movimiento obrero.

En torno a ese cuadrilátero madera-hierro, ricos-pobres se construye un mundo mucho más complejo: también aparece una encarnación del Mal, sin escrúpulos, debilidades ni tan siquiera nombre, Ella; los descendientes de Cristina Oiaindia, víctimas de una locura provocada en gran medida por los manejos de su madre, y el sustrato mitológico, siempre presente, desde que los 48 fundadores salieron del mar en el principio de los tiempos con forma de bichitos verdes y se convirtieron en los 48 fuegos cuyos patriarcas, los jauntxos, legislan bajo la copa de un gran roble. La pureza del pueblo vasco está socarronamente representada por los Baskardo de Sugarkea, familia que desprecia los inventos modernos (la rueda, por ejemplo) y sigue procreando dentro del mar; las tradiciones rigurosamente defendidas, por el mágico catafalco que sirve de mostrador en una taberna, causa de las páginas más divertidas de la novela.


Guetaria, agosto de 2004

Tal es el planteamiento de "Verdes valles, colinas rojas". Fiel a la tradición de mic-culturilla, no voy a avanzar en el desarrollo del argumento, pues no se trata de privar al lector del placer de descubrirlo por sí mismo; mejor unos comentarios sobre la estructura y forma de la novela, pues una obra tan compleja y extensa necesita una urdimbre resistente y flexible a la vez, como las buenas obras de ingeniería.

Más que una trilogía, hay que decir que se trata de una novela dividida en tres volúmenes; no tendría mucho sentido comenzar por uno distinto del primero, ni dejar alguno sin leer. Estructurada en capítulos que siguen un orden temporal no estricto, alternan tres narradores: Josafat Baskardo, hijo de Cristina Oiaindia, Asier Altube, y Roque Altube. Cada uno con una percepción de los acontecimientos, como se verá, muy diferente. Josafat ("Jaso") y Roque son verdaderos participantes en el drama, mientras que Asier, cuyo papel es mucho más secundario y que escribe desde el presente, transcribiendo prácticamente las narraciones del maestro de Getxo, cumple más fielmente la figura de narrador clásico, cuyos actos no influyen en el desarrollo de la trama.

El ritmo narrativo elegido por Ramiro Pinilla es muy dinámico, logra mantener la tensión durante una novela tan larga. Al estar los distintos narradores ansiosos por contar los episodios, evitan descripciones de atmósferas o ambientes que todos conocen y que el lector será perfectamente capaz de construir sin necesidad de ayuda explícita. A veces las versiones no concuerdan del todo y nos vemos obligados a hacer una labor de reconstrucción, es lo normal en estos casos y una parte importante del placer intelectual de desentrañar una obra compleja.

Me queda mucho por mencionar: el papel del maestro, personaje antipático por lo pesado, pero muy importante como cronista local; la comuna hippie-nudista organizada en un caserío 50 años antes de tiempo; el rebaño desbocado de llamas carniceras; el descubrimiento del fútbol como epopeya histórica, y tantos otros personajes e historias dignos de reflexión, tal es la riqueza y extensión de "Verdes valles, colinas rojas". Una novela que me ha entusiasmado, y que sueño con ver disfrutar algún día del éxito popular que merece. Para cuando llegue ese día, quiero dejar bien clara mi pertenencia al club de admiradores de Roque Altube, patrón de las parturientas que no están a lo que tienen que estar.

Ramiro Pinilla ha construido un territorio mítico equiparable al condado de Yoknapatawpha, o a la ciudad de Macondo, pero situándolo en la bien real villa de Getxo. Si esta novela tuviera el éxito que merece, Getxo pronto se convertiría en meca del turismo cultural, con reconstrucciones del caserío de Oiarzena y de la casona de Laparkobaso; baños nocturnos en la playa de Arrigunaga, excursiones a los montes mineros, al mítico caserío Sugarkea... Aunque hayan convertido La Galea en un club de golf, ya han dedicado una calle importante a los Altube. Un servidor hace lo que puede con el Google Maps, pero tiene que verlo en persona.

Por supuesto, un objetivo para la próxima temporada será leer más escritos del autor de esta obra maestra. Como aperitivo, un cuento del autor publicado en la web de la Universidad del País Vasco: Euskera Ez.

16 de agosto de 2008

La Cuerda Larga, de noche

La Cuerda Larga es una línea de picos que superan los 2000 metros de altitud (su mayor altura, Cabeza de Hierro, mide 2.380 metros), formando la espina dorsal de la sierra de Madrid. Son picos redondeados, muy fáciles de escalar, pero puestos uno detrás de otro componen una línea de muchos kilómetros: he aquí la principal dificultad de esta excursión, que hicimos aprovechando la luna llena de Agosto.


Nuestro recorrido, superpuesto en la figura al mejor mapa excursionista de la Sierra de Guadarrama (el de La Tienda Verde), comenzó en el puerto de la Morcuera y fue a terminar en el de Cotos. Hubo que completarlo con una complicada operación logística para garantizar un coche disponible al final de la ruta.

La ruta larga. Pincha con el ratón para ver el mapa decentemente ampliado.

Datos medidos con el GPS:
  • Distancia recorrida: 22,6 km
  • Tiempo en movimiento: 7h 3'
  • Tiempo parados: 3h
O sea, 10 horas de marcha, lo cual da una idea de la prueba a la que sometimos nuestra resistencia. El perfil, totalmente rompepiernas: aunque no había grandes ascensos, el desnivel acumulado superó los 1100 metros, algo notable para una jornada. Y que garantiza que la siguiente será de reposo absoluto.


Perfil de la etapa: Najarra y su collado, Los Bailanderos y el collado de Pedro de los Lobos, Asómate de Hoyos, collados de las Zorras y Peña Vaqueros (la larga planicie a 2200 metros), las Cabezas de Hierro, el collado de Valdemartín con el Cerro de Valdemartín, el Ventisquero de la Condesa, el Alto de las Guarramillas (la "bola del mundo") y la larga bajada al puerto de Cotos. Total, 7 picos y un desnivel acumulado de 1120 metros.

La Cuerda Larga supone una bonita excursión para hacer de noche o con nieve, pero muy dura. Se podría acortar finalizando en el puerto de Navacerrada en lugar de en el de Cotos; la próxima vez, creo que lo haremos así.

3 de agosto de 2008

La maquinaria de exterminio nazi, desde su interior.

Jonathan Littell
Las benévolas

(Les Bienveillantes
)
RBA, Barcelona, 2007
990 páginas


Contradiciendo la confesión derrotista de hace pocas semanas, todavía es posible sacar tiempo para atacar novelas gordas, complejas, que obligan a releer pasajes, sacar el diccionario y el atlas y repensar el último capítulo mientras se acude al trabajo cual zombie alienado. Las benévolas es una de ellas, digna heredera de aquellos novelones del XIX que llenaban meses de la vida de la gente (nota: todavía tengo pendiente leer Guerra y Paz).

El argumento se desarrolla de forma lineal, como una de esas grandes novelas. Muchos años después del fin de la guerra, el director de una fábrica de encajes de Calais se decide a relatar su pasado: fue ni más ni menos un oficial alemán de las SS, Max Aue. Se centra en el período de la guerra contra la Unión Soviética, desde junio de 1941 hasta abril de 1945: invasión, empantanamiento en la estepa ucraniana y en el Cáucaso, hasta llegar al desastre de Stalingrado. Sus cometidos son principalmente burocráticos: dirigir y supervisar operaciones de aniquilación de judíos soviéticos, redactar concienzudos informes para sus superiores, mejorar la administración de los campos de concentración para que participen en el esfuerzo de guerra del Reich, misiones que le llevan por los escenarios probablemente más espantosos donde haya estado hombre alguno. De ascenso en ascenso, llega a Obersturmbannführer (teniente coronel), destinado al Estado Mayor de las SS en Berlín.

En sus casi 1000 páginas, Las benévolas desarrolla varios temas en paralelo, como si de una sinfonía se tratase. Se puede leer en varios planos: el más evidente a la vista del argumento que acabo de bosquejar, es una recreación histórica de los años más horribles de la historia de la Humanidad, en los peores sitios (frente oriental, Stalingrado, Auschwitz, Berlín), con la peor calaña: las organizaciones policiales de las SS y sus auxiliares. No nos ahorra ninguna animalada, y las descripciones pondrán a prueba la capacidad de aguante del lector. Esperemos que a nadie se le ocurra adaptarla al cine. Es un nivel que entronca muy bien con las reflexiones sobre lo que
llevó a aquellos "patriotas y horados funcionarios", y nos podría llevar a nosotros, a participar en semejantes salvajadas: lo socialmente aceptado, lo bendecido por los
sabios, las órdenes, las ansias de medrar, las venganzas personales. Lo arbitrario que puede resultar que nos toque desempeñar el papel de víctima o de verdugo, ambas poco agradables.

También se ocupa de desmontar el mito, poco creíble pero tantas veces repetido en el cine y en la prensa, de la eficiencia burocrática de la maquinaria de destrucción del III Reich: chapuzas, desidia, corrupción, lucha entre departamentos, entorpecimiento burocrático -eso no me toca a mí, es cosa del Alto Negociado de Desplazamientos y Migraciones, etc- en un trasfondo trágico donde todo se resuelve con la muerte de más prisioneros.
La avalancha de departamentos, jerifaltes SS y burócratas de todo pelaje con que tiene que lidiar el protagonista refleja muy bien la estructura, tremendamente ineficaz, que soportaba la ocupación de los territorios del Este.

No podemos olvidarnos de quien da cuerpo a la novela, Max Aue. Buena parte de Las Benévolas se ocupa del estudio psicológico del protagonista, una buena pieza: doctor en derecho, culto, cruel, nazi convencido, le altera más el sinsentido de tanta muerte (¿para qué sirve?) que el sufrimiento de cada una de las víctimas, aunque prefiere no estar demasiado cerca de las ejecuciones: le estropean la digestión, a la criatura. Su vida privada, marcada por las consecuencias de una adolescencia complicada, su homosexualidad -algo difícilmente compatible con su trabajo de oficial SS-, y, sobre todo, las relaciones con su familia, son determinantes en la novela.

Denkmal für den ermordeten Juden Europas, Berlin, mayo 2008

No todo me ha gustado en Las benévolas. Para empezar, me ha parecido demasiado extensa. Hay pasajes muy largos y repetitivos que podrían decir lo mismo con muchas menos páginas: de lo peor (por aburrimiento) son los regodeos en las locuras masturbatorias del protagonista. También me ha parecido que hace excesivo uso de palabras en alemán: un apéndice al final del libro explica algunos términos, sobre todo organizaciones del entramado nazi, y una tabla de equivalencias explica los grados militares, pero el texto está trufado de expresiones (zu Befehl!, Auswärtiges Amt, etc.) no siempre explicadas y que sin duda entorpecerán la lectura a quienes no sepan un mínimo de esa lengua. No entiendo por qué, cuando menciona el ejército regular (llamado Wehrmacht todo el tiempo, como si se tratase de algo diferente), siempre nombra las graduaciones en alemán (Hauptmann, Oberst) en lugar de sus equivalentes capitán, coronel, etc. La traducción, obra de María Teresa Gallego Urrutia, me ha parecido correcta; sin tener delante el original es difícil hacer valoraciones, pero el resultado final no chirría y encuentra una voz convincente para los soliloquios de Max Aue.

Las benévolas es una novela enorme y tremenda, no demasiado fácil de leer pero que engancha y da que pensar. ¿Cómo actuaríamos si las circunstancias nos colocasen en la situación del protagonista? Muy recomendable, merece su fama y buena acogida.
Las reflexiones de los oficiales SS cuando ven acercarse el final, y los intentos de los jefazos de implicar a todo el mundo para que no puedan alegar ignorancia son de lo mejor.

30 de julio de 2008

De noche por el GR-10, ruta de "Los Pinares Llanos"

Recorrido por el sendero de Gran Recorrido GR-10, límite entre Madrid y Castilla y León (Segovia y Ávila), partiendo del Puerto de Guadarrama, también llamado "del León" por un pobre bicho de piedra colocado en una isla de tráfico y que ve pasar a los camiones muy cerca.

5 kms por pista forestal apta para coches, después por el GR-10, que es una senda muy claramente marcada. Al principio, desde el collado de la Mina no sigue exactamente la divisoria de vertientes, sino que discurre unos metros por debajo, en la vertiente abulense. 

Ruta seguida (ida y vuelta), superpuesta al mapa topográfico 1:50000, hoja de Cercedilla

Senda ideal para el tiempo frío (aunque incómoda si hace viento, es muy expuesta), también resulta muy practicable por la noche, aunque no haya luna llena, pues la claridad de Madrid y alrededores es suficiente para iluminarla. Las vistas, increíbles.

Esta ampliación, superpuesta a la imagen de satélite, da una idea de lo que supone no encontrar el camino a la primera, de noche y por un pinar lleno de una vegetación muy espinosa, ideal para el pantalón corto.

Perdidos en el bosque. La línea más a la izquierda debería superponerse al camino, o bien el GPS escoraba la medida o la foto de satélite del Google Earth no está perfectamente calibrado.

Datos medidos con el GPS:
  • Distancia recorrida: 18,05 Km
  • Tiempo en movimiento: 4h 34'
  • Tiempo parados: 2h 48'
Perfil muy cómodo, sin grandes cuestas. Con tiempo y ganas, se podrían hacer muchos kilómetros, hasta acercarnos al Pozo de la Nieve y a El Escorial.

Barranc de l'Infern o "La catedral del senderismo"

Cerca de Denia está la Vall de Laguar, un mundo al revés en el que los pueblos, rodeados de huertas y frutales, ocupan las alturas y las dificultades se abren hacia abajo, en unos barrancos tan profundos que se dirían cañones.


Para experimentarlo en mis propias carnes, nada mejor que seguir la senda PR-147, una ruta circular que desciende tres veces al fondo del barranco, para subir hasta la siguiente altura, construyendo un perfil que parece una etapa alpina del Tour. Tanto, que por Alicante es conocida como "La catedral del senderismo" (la página que enlazo contiene un PDF con una inmejorable descripción de la ruta). Indicada para días frescos, tuvimos la gran suerte de que una capa de nubes tuvo la deferencia de protegernos del sol de Julio.

Datos medidos con el GPS:
  • Distancia recorrida: 12.8 km
  • Tiempo en movimiento: 3h 36'
  • Tiempo parados: 2h 04'


Plano de la ruta. Recorrido captado con el GPS y superpuesto al Google Earth, click para ampliar.

Y por último, el famoso y temido perfil:

Más de 800 metros de desnivel acumulado. El primer tramo es el más duro, y el segundo, el más espectacular.