28 de julio de 2008

Subida nocturna al Montgó

El Montgó es una montaña litoral que surge de repente, separando Denia de Jávea y formando de propina el cabo de San Antonio. Incendio tras incendio la han ido dejando pelada, lo cual aconseja subir en una época del año en la que el sol apriete poco... la noche, por ejemplo.


La excursión consistió en dejar el coche en Les Rotes, donde termina la carretera que desde Denia bordea la costa, subir poco a poco por la meseta litoral, y, cuando no quedaba más remedio, ascender por el sendero PR ("Pequeño Recorrido") que magníficamente señalizado ataca el Montgó por la cara que mira al mar, en una subida que se las trae. El principal problema fue el viento, que amenazaba con desequilibrar al caminante y lanzarlo al abismo.

Tras dormir en la cumbre (750 metros), descenso por el mismo camino, con una pequeña desviación al final para visitar la Cova Tallá, una cueva que se abre hacia el mar, dentro de un acantilado. 

Recorrido, registrado con el GPS y superpuesto al Google Earth. Pulsar en la imagen para verlo en un tamaño decente.

El perfil deja claro lo que supone salir desde el nivel del mar: la altitud se convierte en desnivel. Y eso es duro.

Perfil de la jornada: los 750 m del Montgó

Como ilustración, un pálido reflejo de la sensación de ver amanecer desde lo alto. Una vez maravillados y asombrados, seguimos durmiendo un buen rato más, todo sea dicho.


Amanecer desde el Montgó. Pulsa en la imagen para verla en un tamaño decente, con las islas de Ibiza y Formentera

12 de julio de 2008

Revistas

Últimamente leo muchos menos libros que antes. La causa, mi descubrimiento en primer lugar de que existen revistas muy buenas allá por el ancho mundo, y en segundo lugar, de que el precio de la suscripción es sorprendente bajo, inferior a comprar el periódico los domingos y cargar con todos esos suplementos que van directamente a la basura. Ignoro el motivo, pues supongo que en todos los países las revistas se financian sobre todo con publicidad, pero me alegra poder aprovecharme de la globalización de esta manera.


Voy a repasar brevemente las revistas a las que me he suscrito:

Semanario "de actualidad", sigue a la perfección el pensamiento dominante que toque. Estuve suscrito un par de años en un pasado remoto en el que no había Internet y a mi ciudad no llegaba prensa extranjera, y además había que aprender inglés.
Incluso para un adolescente, había cosas que chirriaban demasiado. Todavía recuerdo esos maravillosos gráficos desplegables donde comparaba el modesto ejército USA con la poderosa maquinaria destructiva de Saddam Hussein... primera guerra del Golfo.

No hace mucho tiempo llegó a mi buzón una buena oferta, y me suscribí a este semanario inglés, que alguna vez había comprado en el kiosko. En cuanto a información política internacional y económica, no creo que haya ningún periódico que le pueda hacer sombra. No soy un experto en esto, pero probablemente tenga los artículos mejor escritos de cualquier periódico en inglés; desde luego, son mucho mejores que los de otras publicaciones que suelo leer. Un estilo muy elegante que demuestra un cuidado exquisito: me gustaría ver el número de borradores que son rechazados para llegar a ese resultado. Aderezado con una ironía de lo más británica, aunque suene a tópico.
Entre otros aciertos, The Economist deja bien clara su línea editorial: fundado en 1843 por un sombrerero escocés para luchar contra el proteccionismo, la defensa del libre mercado sigue siendo su principio guía. Sabiéndolo, es posible anticipar esa deriva ideológica en muchos de sus análisis, con lo que el lector no se llevará a engaño; de todas formas, no se trata de obediencia ciega a una consigna, sino que suelen dejar claro el proceso argumentativo que les lleva a una conclusión, por lo que el lector siempre puede validarlo y aceptar o rechazar el resultado. En mi caso, acostumbrado a las verdades reveladas con que suele funcionar la prensa española, ha supuesto todo un descubrimiento.
Un ejemplo claro de calidad es el tratamiento de la información científica y técnica. Comparado con el sensacionalismo, las inexactitudes y las conclusiones absurdas que solemos ver por aquí, y que evidencian la mala preparación de muchos periodistas (¿pero por qué no preguntan lo que no saben?), The Economist, además de dedicarle bastante espacio -por ejemplo, el Technology Quarterly, un suplemento trimestral-, produce unos artículos bien investigados y a veces sorprendentemente actuales, algo que puedo verificar cuando escribe sobre el área en que me muevo profesionalmente.
Tras un par de años como suscriptor, lo dejé correr simplemente porque no tenía tiempo para absorber tanta información y porque, la verdad, no es imprescindible saber quién gobierna en todos los rincones del planeta. Eso sí, frecuentemente entro en la edición electrónica, que recientemente incorporó todo el contenido de la edición impresa, y leo algunos artículos.


Madrid, diciembre de 2006

Cuando decidí ser infiel a The Economist, busqué una sustituta que me diese lo que a ésta le faltaba: menor periodicidad, para no convertir su lectura en una especie de pluriempleo, y una postura ideológica algo más a la izquierda, para descontaminarme un poco de tanto libre mercado. Me hablaron de esta revista, mensual, estandarte de los intelectuales que en Estados Unidos llaman 'liberales' y que aquí habría que llamar "izquierdosos", o sea liberales en lo social, pero mucho menos en lo económico. La publica una fundación sin ánimo de lucro, para liberarse así del capricho de los lectores y la tiranía de los anunciantes.
Al principio me gustaba a medias. Una edición de lujo, parece hecha para almacenarla con reverencia, y algunas secciones muy interesantes, como "Harper's Index", una colección de cifras que describen aspectos sorprendentes de nuestro mundo. Copio un ejemplo:

Number of Iraquis who receive regular payments from the U.S. government in exchange for not fighting: 91,600

(número de iraquíes que reciben pagos periódicos del gobierno USA a cambio de no luchar)

Pero al pasar los meses, cada vez estoy más cansado. Constantemente hace referencia a una remota Edad de Oro desde la que la política y las costumbres no han hecho más que empeorar, los editoriales parecen sermones, y la mayoría de los artículos tienen un sesgo ideológico demasiado marcado para mi gusto. Y muy poco sentido del humor. Además, muchos de ellos no me interesan lo más mínimo: en la de este mes, las once páginas de letra apretada dedicada a las repercusiones de los derechos de los homosexuales en la iglesia anglicana americana se quedaron sin leer.

Así que, por muy barata que salga, no renovaré la suscripción.


The New Yorker

Aquí es donde se me van la mayor parte de las horas dedicadas a la lectura no relacionada con el trabajo (o, últimamente, con la fotografía). Una revista legendaria, fundada en 1925 y donde han publicado muchos de los grandes escritores americanos contemporáneos: Nabokov, Capote, Salinger, Updike, Carver, y tantos otros. Se publica semanalmente, y, salvo un par de páginas, no dedica ningún espacio a la actualidad: quitando una sección sobre lo que se puede ver y hacer en Nueva York, que viviendo tan lejos no me interesa demasiado, casi todo el espacio está dedicado a grandes reportajes, de esos que cualquier periodista sueña con hacer: le dan varios meses para investigar, viajar, entrevistar, redactar y corregir, y páginas suficientes para desarrollarlo bien y ganar el Pulitzer. Por supuesto, el resultado suele ser excelente, y un gozo leerlo. 

Siempre incluyen un relato breve (salvo obviamente el número especial dedicado a la ficción), algún poema, y una sección al final con críticas de literatura, teatro, música y cine. Casi todas las ilustraciones son viñetas: los chistes del New Yorker son un clásico en sí mismo.


Creo que seguiré suscrito al New Yorker durante una larga temporada: no estoy acostumbrado a algo tan exquisito, y la vuelta a la realidad local suele ser dura, pero qué le vamos a hacer.

1 de julio de 2008

Bombilla de bajo consumo

Esto que vemos aquí es el "balasto electrónico" de una bombilla, construida retorciendo un tubo fluorescente y embutiéndolo en un casquillo (tendría su mérito hacerlo así). Hace dos cosas: aumenta el voltaje de entrada, y, sobre todo, multiplica la frecuencia de la corriente alterna, típicamente hasta los 10.000 Hz, eliminando el parpadeo de los tubos fluorescentes y colocando a la bombilla en una zona tensión/frecuencia de mucho mayor rendimiento luminoso, debido a las propiedades de ionización del gas.

También limita la corriente, por eso de impedir la rápida autodestrucción del aparato.

Balasto electrónico de una lámpara de unos 13 w, de marca blanca de supermercado y probablemente fabricada por minuciosos artesanos orientales. Los cables blancos estaban soldados al casquillo, y los alambres que salen a la derecha son los electrodos de los tubos.

El resto de piezas de tan útil aparato terminaron dibujando bonitas sombras.

29 de junio de 2008

Un día con los grandes maestros

No sólo de Photoespaña vive el hombre. Es posible que las mejores exposiciones de fotografía durante este mes de Junio que termina hayan sido dos que ni siquiera estaban incluidas en el festival; mejor no preguntar demasiado, que por el mundo feliz del arte, museos, fundaciones y galerías suelen circular muy malos rollos.


Henri Cartier-Bresson. Fotógrafo.
Fundación "la Caixa". Antiguo Hospital de Santa María la Rica, Alcalá de Henares. Del 29 de mayo al 29 de junio de 2008.

Qué voy a decir aquí del padre del fotoperiodismo, del maestro del instante decisivo, del maestro de la composición precisa, capaz de narrar una aventura en un fotograma. Ver una exposición suya trae pocas sorpresas, pues la mayor parte de sus fotografías ya las hemos encontrado en revistas y libros, pero tener la oportunidad de pasar un par de horas mirando tranquilamente las 130 imágenes de la muestra, una buena recopilación de sus muchos años de fotógrafo, siempre será de agradecer.

Un detalle impresionante: salvo un par de excepciones, las fotografías de Cartier-Bresson muestran el borde del negativo, lo que indica que no ha sido necesario corregir el encuadre recortando la imagen. Teniendo en cuenta el género, fotografía normalmente callejera con sujetos en movimiento, y la calidad del resultado, unas composiciones insuperables, resulta doblemente meritorio.

Acompaño la entrada con mi foto preferida, aunque tras ver tantas memorables, tendré que buscar un buen libro, lo más completo posible.

Derrière la gare Saint-Lazare, París, 1932

Tras un corto viaje en cercanías, nada más salir de la estación de Atocha me encuentro con esto:

Edward Steichen. Una epopeya fotográfica.
Museo Reina Sofía. Del 25 de junio al 22 de septiembre de 2008.

La profecía enunciada al final de mi reseña del libro "Steichen. Una vida dedicada a la fotografía" se ha cumplido. Uno de los museos más importantes de Madrid acoge una gran retrospectiva, que ya ha recorrido otros museos europeos y terminará en Nueva York. 
Se trata de una exposición muy ambiciosa, con gran cantidad de material, en gran parte único, pues en la primera etapa Steichen, siempre dado a la experimentación técnica, a menudo utilizaba técnicas no reproducibles -positivando directamente sobre papel de acuarela untado con emulsión fotosensible, por ejemplo.

La muestra hace un recorrido muy completo por la obra de Steichen, muy similar al que leí hace pocos meses en este libro, por lo que encontré pocas sorpresas. Pero poder comprobar personalmente la magia de los paisajes a la luz de la luna, la fuerza del retrato de JP Morgan, o la belleza de Greta Garbo es un motivo más que suficiente para dedicarle unas horas. Dedica más espacio que el libro a la fotografía comercial, algo de agradecer tratándose de un fotógrafo que ponía tanto empeño en sus trabajos artísticos como en los alimenticios: moda, publicidad.

Una cosa muy difícil de reflejar en un libro pero muy bien representada en el museo es la faceta de Steichen como organizador de exposiciones: propaganda bélica durante la Segunda Guerra Mundial, y la famosa "The Family of Man", en la que la obra de arte era casi más el continente que el contenido.

Carl Sandburg and his wife, Lillian (Steichen -hermana del fotógrafo) Sandburg. Como retrato de una pareja, insuperable.


21 de junio de 2008

Una tarde mirando fotos

Photoespaña 2008. Web de la muestra.

Viernes, cuatro de la tarde. Liquido el trabajo, cierro el ordenador, y salgo de casa buscando sustituir ciertas secuencias de tráfico que inundan mi cabeza, llenándola con cualquier otra cosa. Entro en el metro, y aparezco en una exposición:

Lugares comprometidos. Topografía y actualidad
Museo colecciones ICO. Del 4 de junio al 24 de agosto de 2008.

Varios artistas actuales (todas las obras son de la última década), unas pocas obras de cada uno, en teoría relacionadas por su representación del paisaje y de los "lugares". Pronto renuncio a encontrar un hilo conductor o una narrativa común, pero planteándolo como una colección un tanto arbitraria de obras muy recientes, se puede disfrutar. Hay de todo: fotomontajes de espacios apocalípticos, torres de hormigón en grandes explanadas desoladas y grises (Beate Gütschow); enormes mosaicos de imágenes de pistas de esquí en verano (Walter Niedermayr); unas cien fotos pequeñas de casitas con jardín, irónico friso sobre las delicias de la vida de
 clase media en la Alemania occidental de los 80 (Peter Piller); incluso unas aburridas fotografías de maniobras militares en un desierto de California, con sus soldaditos, camiones y tanques (An-My Lê).

Mis favoritas, las fotografías de Geert Goiris, paisajes enigmáticos que contienen siempre elementos fuera de lugar, como el rinoceronte en un prado verde con niebla, o el árbol solitario de esta foto de aquí,

Geert Goiris, Solitary Tree

Salí de allí convencido de no haber perdido el tiempo, y me acerqué a la galería La Fábrica: una pequeña exposición del fotógrafo español Félix Curto. Retratos de niños y hombres de la comunidad mennonita, con sus pantalones de peto, sombreros y camisas abrochadas hasta el cuello. Unos retratos muy bien resueltos y, sobre todo, muy amables. Se diría que trataron bien al fotógrafo.

En la puerta de al lado, librería La Fábrica, de donde salgo cargando con un libraco del gran August Sander, por un precio ridículo. A continuación, otra vez al metro, emerjo en el edificio de la Telefónica, siempre uno de los escenarios clave de Photoespaña.

Thomas Demand. Cámara.
Fundación Telefónica. Del 5 de junio al 24 de agosto. Web de la exposición.

Thomas Demand elige un escenario famoso por alguna noticia de gran repercusión: una embajada, una sala de recuento de votos, una taberna donde se ha cometido un crimen. Lo reconstruye a base de cartulina y pegamento, lo fotografía con exquisito cuidado y voilá! ya tenemos "una reflexión fundamental sobre el estado de la imagen", en palabras del folleto que me dieron al entrar.

Lo siento, pero a pesar del virtuosismo técnico, tanto fotográfico como al construir las maquetas, me deja frío. No sé si porque me parece muy obvio o por todo lo contrario, por no darme cuenta de nada (nunca hay que descartar este factor tratándose de arte contemporáneo). Quizá no sepa valorarlo, me parece demasiado esfuerzo para expresar algo que se puede hacer de una forma mucho más simple. Puestos a buscar reflexiones, me quedo con los ensayos de Eugene Smith. Menos meses de trabajo con las tijeras y el pegamento, pero mucha más implicación y valor. Y probablemente, sin respaldo de mecenazgos oficiales o de galerías que mueven millonadas.


Thomas Demand, Klause/Tavern 3